Hace 5 años, la víspera de año nuevo me la pase haciendo un muestrario de costuras para libretas. Ese fin de año fue el peor de mi vida: no pude comer nada porque los efectos de la radioterapia me lastimaron tanto la garganta que tragar saliva era doloroso, también estaba muy cansada y además, pelona. No escribí nada, me costaba pensar, pero tenía una obsesión enorme por hacer cosas con agujas e hilo.

Me puse a hacer libretas a la antigua, solo hilo, papel y piel, bordaba sin descanso, hasta compré una máquina de coser y me puse a hacer “proyectos” que veía en tutoriales de youtube, me llene de hilos, de agujas porque sentía un enorme deseo de convertirme en araña para producir hilos y salir a remendarlo todo, remendarme a mi.

Un cuerpo roto

Ese año pase por una mastectomía, quimios, radioterapia y un sinfín de consultas médicas. Hubo muchas noches de insomnio preguntándome ¿por qué a mí? ¿por qué yo? No podía verme al espejo sin ponerme a llorar, no quería bañarme para no enfrentarme a mi cuerpo desnudo y roto, abierto y cosido con puntadas toscas y chuecas. No quería escribir, no quería hablar porque no tenía las palabras para expresar lo que sentía: unas enormes ganas de repararme, de regresar el tiempo, de remendar con hilos mágicos mis heridas, como una prenda vieja a la que una tejedora sabia le da nueva vida.

Las ancestras bordadoras

En esos días pensé mucho en Penélope, tejiendo y destejiendo su sudario, para engañar a sus pretendientes, para sobrevivir, para soportar la espera. Leí no sé cuantos libros de costura, cosía telas, pieles, papeles, descubrí que la aguja y el hilo son invenciones maravillosas. En mi convalecencia ví un montón de documentales sobre cómo se hace el lino a la manera antigua, la seda, la lana, buscaba imágenes de cardadoras, de bordadoras, de costureras, quería ser una de ellas, quería que alguien me enseñara a coser la ropa que necesitaba mi cuerpo mutilado y quizá encontrar alguna técnica para regresar mi cuerpo a la normalidad.

Después de la cirugía, las primeras sugerencias de algunas enfermeras y “amigas” fueron usar prótesis, la reconstrucción del seno, hubo quien bromeó con que así además me hacían “la lipo” pero la prótesis externa, me molesta, la reconstrucción quirúrgica implica un proceso doloroso que requiere estirar la piel por meses y luego una cirugía, ademas, algunas prótesis internas, se ha reportado, tienen elementos cancerígenos, en fin, me parecía demasiado trabajo para que los demás se sintieran cómodos al estar conmigo, porque a mi en realidad, no es que no me moleste no tener un seno, pero me molesta más la idea de someterme a torturas adicionales solo para que los demás me acepten. Así que me embarque en una búsqueda para encontrar formas de habitar mi nuevo cuerpo, armada de hilos y agujas.

Aracné,la arrogante

Aprendí mucho sobre la historia de los textiles, pero fue el mito de Aracné el que me sacó del sopor. Aracné era una arrogante bordadora que se atrevió a desafiar a la diosa Atenea pues aseguró que podía bordar más rápido y mejor que ella, a pesar de ser mortal. Atenea, inmadura como todos los dioses griegos, se hizo presente al instante y aceptó el desafio. Ante un publico asombrado, Atenea bordó rápidamente y con gran destreza un manto maravilloso, Aracné no se amedrentó y comenzó a dibujar en su tela el esplendor del Olimpo, al parecer, se quería congraciar con Atenea haciendo un homenaje a la divinidad, sin embargo, poco a poco en su manto comenzaron a aparecer los abusos y crueldades de los dioses, sobre todo, los de Zeus: el rapto de Europa, la violación de Leda y otros tantos engaños y violaciones a las mujeres mortales. Atenea, furiosa, castigo a Aracné, transformándola en un insecto, pero reconoció que era mejor tejedora, así que la convirtió en un insecto bordador, en una araña, para que pudiera tejer por toda la eternidad.

Cinco años después

El mito de aracné me saco del sopor, porque me recordó que la aguja y el hilo no sirven solo para remendar, también sirven para “narrar” para crear, para expresar en imágenes y en colores lo que no se puede decir con palabras. Después de conocer el mito de Aracné deje de hacer remiendos y puntadas según las instrucciones de alguien mas y comencé a experimentar por mi cuenta. Cinco años después, por fin voy encontrando palabras para decir que tengo miedo, todo el tiempo, pero también tengo amor, alegría y unas ganas enormes de vivir, y ademas, por fin he encontrado formas de vestir este cuerpo a mi manera, a mi gusto y eso es lo mejor que me dejó seguir el ejemplo de Aracné.

Deja un comentario